Ellas avanzan sin pausa. Ellos, menos. Incluso han dado algún paso atrás. En los dos últimos años, entre los más jóvenes ha crecido la idea de que pautas de control como mirar el móvil de la pareja si piensas que te está engañando es normal —en 2017 lo creía un 14,5% y ahora un 16,5%—, y, aunque es una minoría, se ha doblado el número de chicos que creen que las desigualdades no existen: del 2,2% al 4,1%. Así es el panorama de la igualdad en España para los más jóvenes según el segundo Barómetro Juventud y Género, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (Fad), presentado este lunes.

El resultado de esta investigación bianual es una situación cada vez más polarizada: un movimiento feminista creciente entre los más jóvenes, sobre todo entre las chicas, que, a la vez, genera resistencias en ciertos temas, sobre todo entre ellos. Le ocurre a Alberto, que el pasado viernes se enzarzó con su hermana en una discusión sobre las relaciones. Él, a punto de comenzar Ingeniería Industrial, decía que no le parecía mal “mirar el móvil de su novia o que ella vea el suyo”, y ella, en tercero de Derecho, le explicaba por qué aquello era “control” y estaba producido por la desconfianza. “Lo tuyo es un sí pero no. No te terminas de enterar de nada”. Debates como esos han adquirido cada vez más peso en las conversaciones y en la agenda política y mediática y para analizar ese contexto, la Fad ha hecho 1.223 entrevistas a hombres y mujeres de entre 15 y 29 años.

Las jóvenes españolas son más feministas, ellos cada vez más controladores

Eulalia Alemany, directora técnica de la fundación, explica que “mientras que aumenta la percepción de los hombres que dicen que la desigualdad es importante, también sube la cifra de quienes lo niegan”. El 65,7% de las mujeres y casi la mitad de los hombres creen que las inequidades son grandes o muy grandes, una percepción que en 2017 tenían el 66,9% de ellas y el 46,2% de ellos. Sin embargo, ahora son el doble de hombres los que creen que no existen estas desigualdades.

Es lo que esta pedagoga llama “minorías significativas”, que se reflejan, entre otros indicadores, en la “banalización de la violencia de género”. Entre los hombres, la normalización de pautas de control como ponerse la ropa que propone la pareja para evitar conflictos o mirarle el móvil han subido 5 y 2 puntos respectivamente; crecen ideas como que hay que esforzarse en hacer lo que le gusta a la pareja (del 18,7% al 21,4%); y baja el porcentaje de quienes creen que un espacio propio es imprescindible (del 56,2% al 55,1%).

Mar Venegas, profesora de Sociología en la Universidad de Granada y experta en adolescencia y política afectivosexual, cree que esto responde al “discurso antigénero de ciertos partidos políticos”. “El avance es fruto de los últimos 8 de marzo, de las movilizaciones por el caso de La Manada, de la toma de conciencia de ellas… A la vez aparecen reacciones en contra de hombres que argumentan que el avance del feminismo va en detrimento de ellos”. Eso, arguye, se “ve” en algunos indicadores del barómetro, como la bajada en el número de chicos que creen que los piropos por la calle no son correctos (29% de 2019 frente al 30% de 2017). Según la socióloga, “los porcentajes no han variado muchísimo, pero es interesante saber cómo ven los cambios que estamos experimentando”, explica.

Las jóvenes españolas son más feministas, ellos cada vez más controladores

Daniel Germán, un profesor de Primaria de 25 años, observa esa polarización: “Jóvenes que evolucionan con la sociedad y apoyando la igualdad y una gran cantidad de machistas y retrógrados que no tienen miedo ni vergüenza de decirlo, se sienten orgullosos”. Y Bárbara Johnson, de 19, está convencida de que la igualdad es algo que “aplican” la mayoría de gente de su edad, mayoritariamente ellas: “Creo que más las que son más jóvenes y sobre todo en las chicas”.

Según el barómetro, hay un aumento de quienes se declaran feministas —un 62% de ellas (frente al 46% en 2017), y entre ellos un 37% (frente al 23,6% de 2017)— y una disminución de quienes no se posicionan y quienes niegan serlo. Ese panorama lo ve y lo cuenta Deibe Fernández-Simo, un doctor en Ciencias de la Educación que, además de dar clase en la Universidad de Vigo, trabaja desde hace más de 15 años con niños y adolescentes en “la transición hacia la vida adulta”. Asegura que los entornos familiares, educativos y sociales son “imprescindibles”. También los referentes. “Es la etapa más importante para afianzar ideas y romper estigmas. Hay que hacer una revisión de cómo está representada la cuestión de género en el sistema educativo y generar referentes que no sean, por ejemplo, Rafa Mora [un concursante del programa Mujeres y Hombres y Viceversa]”.

Aunque la situación, en general, ha mejorado —hay menos estereotipos y más conciencia con la igualdad—, la organización cree que habrá que esperar a 2021 (el barómetro es bianual) para ver cómo se afianza. Eulalia Alemany incide que “en todo son más flexibles y están más avanzadas ellas, transgreden más los roles de género y las posiciones más tradicionales”. A ellas, según el estudio, se las empieza a definir cada vez más con adjetivos tradicionalmente masculinos, como ser “independientes”; en ellos también ocurre al revés, aunque es menos notable. En general, los adjetivos positivos suben y los negativos bajan. Por ejemplo, ha decrecido en dos puntos la imagen de dependencia que ellos tienen sobre ellas (del 6,5% al 4,2%) y un 5,9% de ellas creen que ellos son sensibles (hace dos años era un 2,6%).

Fernández-Simo coincide con Eulalia Alemany y Mar Venegas: el avance es perceptible, pero queda un largo camino en el que hay que incidir en el cambio en las masculinidades. Alemany lo resume: “No podemos hablar de la juventud española, sino de las jóvenes y los jóvenes. Las ideas que tienen sobre lo femenino y lo masculino son muy diferentes, mucho más potentes en ellas”. Venegas añade que “ellas han asumido la necesidad del cambio social y ellos están en un vacío. Saben que no pueden ser los hombres de antes y no saben cómo ser ahora”. Y Fernández-Simo concluye: “Hay que ayudarlos a caminar por ahí”.

LA MERITOCRACIA Y LAS CUOTAS

El Barómetro sobre Juventud y Género apunta a una “gran polaridad de posturas” en torno a las medidas de igualdad. En cuanto a “sancionar a las empresas que paguen menos a mujeres que a los hombres por el mismo trabajo”, están de acuerdo el 72,6% de chicas y el 56% de chicos; en “promover que los puestos laborales los ocupen personas en base a sus méritos, sin que existan cuotas de discriminación positiva” coinciden el 70,1% de chicas y el 55,3% de chicos; y un 65% de chicas frente al 50,5% de chicos creen que hay que “equiparar permisos de maternidad y paternidad”. Como cuenta Eulalia Alemany, directora técnica de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, responsable del estudio, “las chicas tiene una posición más a favor de las medidas para garantizar la igualdad de género que los chicos, aunque en general, el acuerdo en cuanto a estas medidas es alto, al menos más alto de lo que era antes”.

Ahora, uno de cada 2 jóvenes considera que la situación de las mujeres es peor o mucho peor que la de los hombres en retribución salarial. Sin embargo, añade, hay contradicción en las respuestas. Mientras que hablan de “meritocracia”, también están a favor de las medidas. Cree que puede ser debido a que “ignoran el contexto”. “Es decir, que muchas mujeres a lo largo de la historia han tenido méritos suficientes pero no han conseguido llegar, y esta variable se les escapa. Ellas saben que valen y ponen el énfasis ahí, pero no se dan cuenta de que con los mismos méritos, ellas no acceden, están en desventaja”.

A pesar de estas dicotomías, la experta cree que los resultados son satisfactorios: “Los cambios sociales son costosos. Cambiar las actitudes y valores requiere mucho tiempo. Pero el 8 de marzo, el caso de La Manada, la movilización global… Han producido un cambio cualitativo, el discurso ya está ahí. Esto es ya una conversación para muchas personas y ahora toca ir a la raíz”.

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